Los juegos del hambre
[00:02.82] No queda casi nada
[00:04.07] del Distrito 12.
[00:05.57] Hace un mes,
[00:06.57] las bombas del Capitolio
[00:08.07] arrasaron las casas de los humildes
[00:10.82] mineros del carbón de la Veta,
[00:12.82] las tiendas de la ciudad
[00:14.33] e incluso el Edificio de Justicia.
[00:17.57] La única zona que se libró
[00:20.07] de la incineración
[00:22.07] fue la Aldea de los Vencedores,
[00:23.32] aunque
[00:24.58] no sé bien por qué.
[00:25.82] Quizá para que los visitantes
[00:28.33] del Capitolio que tuvieran
[00:30.07] que pasar por aquí
[00:31.82] sin más remedio
[00:32.82] contaran con un sitio agradable
[00:34.07] en el que alojarse:
[00:35.83] algún que otro periodista;
[00:38.82] un comité que evaluara
[00:40.32] las condiciones de las minas;
[00:42.07] una patrulla de agentes
[00:43.57] de la paz encargada
[00:45.33] de atrapar a los refugiados
[00:46.82] que volvieran a casa…
[00:49.32] Pero yo soy la única que ha vuelto,
[00:52.82] y sólo para una breve visita.
[00:55.07] Las autoridades del Distrito 13
[00:57.32] estaban en contra de que lo hiciera,
[00:59.57] lo veían como una empresa costosa y sin sentido,
[01:03.32] teniendo en cuenta que en estos momentos
[01:05.57] hay unos doce aerodeslizadores sobre mí,
[01:08.82] protegiéndome,
[01:10.82] y ninguna información valiosa que obtener.
[01:12.82] Sin embargo, tenía que verlo,
[01:16.58] tanto que lo convertí
[01:18.57] en una condición indispensable
[01:20.32] para aceptar colaborar con ellos.
