Los bandidos de Río Frío
[00:00.48] La viejecita se resolvió un día a poner a Juan a aprender oficio, y no le costó poco trabajo;
[00:07.98] pero con ruegos y súplicas, y haciéndole patente que no tenía con qué mantenerlo ni vestirlo, que ya era grande y necesitaba trabajar, logró persuadirlo a que dejase entregar.
[00:19.74] En el tiempo a que nos referimos, y no sabemos si aún dura esta costumbre,
[00:24.98] los padres o deudos de los muchachos pobres los colocaban en la casa de un artesano para que les enseñase el oficio,
[00:32.24] y en cambio quedaban bajo el absoluto dominio del maestro, el que se rehusaba a recibirlos si no se los entregaban.
[00:40.48] Un día, repetimos, salieron por fin por esas calles de Dios a buscar un maestro cualquiera (...)
[00:47.74] Eran dos desvalidos entre los más desvalidos de la ciudad; dos desheredados, entre los más desheredados de la tierra (...)
[00:57.23] Al cuarto día, cansada la viejecita y aburrido Juan, acertaron a entrar en una casa de vecindad de la Estampa de Regina, guiados por un rastro de astillas de madera,
[01:08.73] y se encontraron con que un hombre trabajaba en un torno.
[01:12.74] Le cantaron la misma canción que hablan repetido tantas veces.
[01:18.24] El artesano ni les contestó, siguió trabajando y con la vista les hizo seña de que se marcharan;
[01:25.24] pero una mujer que estaba sentada cosiendo en el fondo del cuarto se levantó y dijo algunas palabras al oído del que trabajaba con pie y manos;
[01:34.99] entraron ya en conversación, hicieron muchas preguntas a la viejecita, la obligaron a jurar que sólo vería al muchacho una vez por semana,
[01:44.98] y que jamás lo reclamaría, si no era pagando los gastos que hubiesen hecho para mantenerlo;
[01:52.23] en una palabra: un contrato de esclavitud.
